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V Campeonato " Suiza 1954"

Razones de una elección

La Confederación Helvética de Fútbol fue la encargada de organizar la V Copa del Mundo, según decisión de los miembros de la FIFA en el Congreso de Luxemburgo de julio de 1946. El criterio que siguieron los dirigentes del máximo organismo internacional para nombrar a Suiza como sede de los Mundiales del 54 se fundó en que este país, por su condición de no beligerante en el curso de la Segunda Guerra Mundial, no había sufrido las consecuencias del conflicto, se hallaba en un buen momento económico y disponía de medios financieros para organizar un acontecimiento en línea de expansión. Por otra parte, la reducida superficie del estado helvético facilitaba el desplazamiento masivo de los espectadores a los diferentes encuentros, lo que, al margen de no gravar en exceso los costos de organización, permitía arropar a la competición del necesario calor humano.

Para la V Copa del Mundo presentaron su inscripción 38 países, lo que convirtió a esta fase preliminar en la más importante de las disputadas hasta aquel momento. Con el fin de seleccionar entre estos 38 aspirantes los 16 que debían concurrir a la fase final, el Comité Organizador distribuyó a las selecciones en 13 grupos eliminatorios. Dos equipos estaban ya clasificados de oficio (Uruguay y Suiza) por su condición de campeón y organizador del torneo, respectivamente.

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La fase preliminar

La formación de los 13 grupos de la fase previa tuvo efecto en Zurich los días 14 y 15 de febrero de 1953 y fue llevada a cabo directamente sin que mediara ningún sorteo Los grupos se elaboraron según el criterio personal de los federativos presentes en la reunión.

Las deliberaciones del comité dieron como resultado estos emparejamientos:

GrupoI: Alemania (RFA), Sarre (región alemana ocupada por Francia desde 1945) y Noruega.

GrupoII: Bélgica, Suecia y Finlandia.

GrupoIII: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte.

Grupo IV: Francia, Eire y Luxemburgo.

GrupoV: Austria y Portugal.

Grupo VI: España y Turquía

Grupo VII: Hungría y Polonia

Grupo VIII: Checoslovaquia, Rumania y Bulgaria.

Grupo IX: Italia y Egipto

Grupo X: Yugoslavia, Israel y Grecia.

Grupo XI: México, Estados Unidos y Haití.

Grupo XII: Brasil, Paraguay y Chile.

Grupo XIII: Corea del Sur, Japón y China (Taiwan).

Esta distribución generó muchísimas críticas tanto a nivel de las federaciones involucradas como de la prensa especializada internacional, que definió como un disparate emparejar a España con Turquía, a Portugal con Austria o a Italia con Egipto. La crítica europea reprochó a la FIFA que hubiese concedido al grupo III de las islas Británicas dos plazas de clasificación, a pesar de que estuviera integrado por cuatro selecciones. El hecho de que por lo menos un representante de Asia y otro de la América del Norte y Central estuvieran presentes en el Mundial de Suiza fue entendido como un gesto generoso del organismo futbolístico, en busca de la universalidad del acontecimiento.

Los encuentros de la fase preliminar se disputaron desde mayo de 1953 hasta abril de 1954. La mayoría de los resultados confirmaron las previsiones iniciales, excepto en las eliminaciones de dos escuadras europeas, Suecia y España, que habían sido, precisamente, las dos mejores representantes del Viejo Continente en el Mundial anterior. Suecia quedó apeada de la competición por el pujante fútbol belga, que demostró su superioridad en el grupo II ganando todos los partidos, tanto fuera como en casa, y destacando sus victorias sobre Suecia en Estocolmo (2-3) y en Bruselas (2-0).

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La eliminación de España

La selección española se enfrentó en la fase de clasificación contra un único rival, Turquía. El pronóstico favorecía totalmente al equipo hispano, que vivía en aquellos años momentos de euforia con la incorporación del húngaro Ladislao Kubala (ex internacional con Hungría y Checoslovaquia) a la selección. Kubala, considerado como uno de los mejores atacantes del mundo, había debutado con el equipo nacional español en vísperas del inicio de la fase de clasificación para el Mundial de Suiza; dicho debut se había producido el 5 de julio de 1953, en Argentina, con motivo de una gira de la selección hispana por Sudamérica. Turquía, sin embargo, no fue un rival fácil para España; de hecho, ya lo había demostrado un año y medio antes en un encuentro amistoso disputado en Estambul, en el que España hizo bastante con empatar a cero goles en un gran partido de Antonio Ramallets.

La selección turca jugó el primer encuentro del grupo en el estadio Santiago Bernabeu de Madrid el 6 de enero de 1954. El seleccionador español, Iribarren, despreció al rival y decidió la alineación de numerosos debutantes sin contar con las estrellas más significativas del fútbol español, entre ellos el propio Ladislao Kubala. A pesar de que España ganó por 4-1, el equipo turco, dirigido por el ex jugador italiano Sandro Puppo, planteó el encuentroa la contra y consiguió mantener empatado el partido (1-1) hasta mediados de la segunda parte. Por España marcaron los goles: Venancio, Gaínza y los debutantes Miguel y Alsua. El gol turco fue obtenido por Recep.

El encuentro de vuelta se jugó en el estadio Midhat Pachá de Estambul, el 14 de marzo de 1954 y el equipo español contó con todas sus figuras; Iribarren formó un gran conjunto para evitar sorpresas, ya que una victoria turca obligaría a jugar un tercer encuentro de desempate, puesto que en el reglamento no se preveía el gol- average como regla de clasificación en caso de empate a puntos. España jugó muy mal y su estrella Kubala fue anulado por las brusquedades del central Cotin. Turquía se adelantó en el marcador a través de su interior izquierda Burhan a los 15 minutos de juego y España ya se vio incapaz de remontar este tanto adverso que conducía inevitablemente a un encuentro de desempate.

El decisivo partido de clasificación entre españoles y turcos se jugó tres días después, el 17 de marzo de 1954, en el estadio Olímpico de Roma, y resultó ser el día más negro del fútbol español a nivel internacional. Antes de iniciarse el match llegó al estadio romano un telegrama de la FIFA impidiendo la alineación de Ladislao Kubala por presuntas irregularidades en la tramitación de su ficha, Iribarren modificó entonces el equipo, dando entrada a Adrián Escudero en el puesto de ariete y decidiendo el debut de Arteche en la demarcación de extremo derecha. El seleccionador, al término del encuentro de Estambul, ya había reclamado urgentemente a España a Gaínza y Gonzalvo III para que viajaran a Roma y estuvieran dispuestos a jugar el partido de desempate.

Arteche marcó el primer gol del partido, pero inmediatamente surgió la réplica de los turcos, que a través de Burhan y Suad tomaron la delantera en el marcador. Apoco del final Adrián Escudero logró el empate que obligó a una prórroga, en la que, sin embargo, nada se decidió. Al término de los minutos reglamentarios de juego el delegado de la FIFA, el presidente de la Federación Italiana de Fútbol, Barassi, sorteó los nombres de España y Turquía para ver cuál de los dos quedaba integrado en la fase final del Mundial de Suiza. Un bambino italiano llamado Franco Gemma, fue la mano inocente que sacó el papel de Turquía, lo cual dejaba fuera de la competición a la selección española.

Además de Suiza, Uruguay, Bélgica y Turquía, se clasificaron para la fase final Alemania (RFA), Inglaterra y Escocia, Francia, Austria, Italia, Hungría, Checoslovaquia, Yugoslavia, Brasil, México y Corea del Sur.

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Los otros grupos europeos

Alemania (RFA) alcanzó la clasificación frente a sus compatriotas de la región del Sarre y frente a Noruega, aunque no sin cierta dificultad, porque el último encuentro disputado en la capital del Sarre, Sarrebruck, resultó decisivo: ambos equipos disponían de idénticas posibilidades de clasificación, puesto que Sarre contaba con cuatro puntos por sus dos victorias frente a Noruega; Alemania, también triunfadora en sus dos partidos con Noruega, había vencido además en la ida al Sarre por 3-0. Teniendo en cuenta que no existía el gol- average, la selección alemana necesitaba como mínimo un empate para clasificarse sin necesidad de recurrir a un tercer encuentro. A pesar de que el partido decisivo se caracterizó por una gran igualdad, Alemania Federal acabó imponiéndose por 1-3.

En el grupo III, formado por las cuatro selecciones del Reino Unido, se clasificaron Inglaterra y Escocia, tras enfrentamiento a partido único y en campo elegido por sorteo; esta circunstancia, unida al hecho de ser el único bloque que otorgaba dos plazas de clasificación, diferenciaba al grupo III respecto a los demás. Inglaterra se impuso en el partido cumbre del grupo a Escocia, en Glasgow, por el tanteo de 2-4. En esta oportunidad, los escoceses no renunciaron a su plaza de clasificación pese a no vencer en el campeonato británico de selecciones, que de nuevo consiguió Inglaterra.

En el grupo IV, Francia se clasificó sin conocer la derrota, ante las selecciones de Eire y Luxemburgo. El equipo francés logró la impresionante cifra de 20 goles en cuatro encuentros, encajando sólo cuatro tantos.

En el grupo V Portugal fue eliminada por Austria, que se impuso en Viena por 9-1 y logró un empate a cero goles en Lisboa.

En el grupo VII, Hungría se clasificó sin jugar ningún encuentro, ya que su rival, Polonia, renunció a tomar parte en la competición.

En el grupo VIII, Checoslovaquia, en sus cuatro partidos, cedió sólo un punto ante Bulgaria y superó a su más duro rival, Rumania, en la propia Bucarest por 0-1.

En los otros dos grupos considerados como europeos, el IX y el X, Italia y Yugoslavia ganaron su clasificación sin conocer la derrota, enfrentados los italianos a Egipto y los yugoslavos a griegos e israelíes.

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La fase preliminar en América

En el grupo XI, México logró la plaza que daba acceso a la fase final a costa de Haití y Estados Unidos, a los que batió tanto en campo propio como contrario. México marcó 19 goles en esta fase previa y encajó tan sólo un gol del equipo norteamericano.

En el grupo XII, Brasil tampoco cedió ningún punto en sus encuentros de ida y vuelta ante Paraguay y Chile, marcando ocho goles y encajando uno de Paraguay en campo brasileño.

En el grupo XIII, de Asia, Corea del Sur fue el primer equipo de este continente en acceder a una fase final de la Copa del Mundo, tras ganar a Japón en Tokio por 1-5 y ceder luego un empate a dos en Seúl. China (Taiwan), inicialmente inscrita en el torneo preliminar e incluida en este grupo, renunció a tomar parte en la competición.

Doce países europeos alcanzaron su clasificación para la fase final (Alemania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, Escocia, Francia, Hungría, Inglaterra, Italia, Suiza, Turquía y Yugoslavia), junto a otros tres americanos (Brasil, México y Uruguay) y uno asiático (Corea del Sur). Al margen de la sorprendente eliminación de Suecia y España, sólo dos grandes selecciones faltaban en esta relación de escogidos: Argentina y la Unión Soviética, que no habían formalizado su inscripción para tomar parte en las eliminatorias preliminares.

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Los grupos de la fase final

De cara a la fase final, la FIFA estableció un sistema de competición que dejó descontentos a todos los países participantes. Los dieciséis finalistas fueron distribuidos en cuatro grupos de cuatro equipos, previa designación a dedo, tras confeccionar una hipotética relación de cabezas de serie, entre los que se encontraba Turquía por el sólo hecho de haber eliminado por sorteo a España. Según este criterio, los cabezas de serie (Brasil, Uruguay, Hungría, Inglaterra, Italia, Austria, Francia y Turquía) no podían enfrentarse entre sí hasta las eliminatorias de cuartos de final, a pesar de que fueran incluidos en el mismo grupo, lo que de hecho ocurrió porque los ocho cabezas de serie quedaron distribuidos a razón de dos por grupo. Así, por ejemplo, en el grupo I, compuesto por Brasil, México, Francia y Yugoslavia, no se podía disputar el encuentro entre brasileños y franceses, y ambos equipos debían buscar su clasificación para una ronda posterior sumando el mayor número de puntos ante los otros dos contrarios, que tampoco se podían enfrentar entre sí.

Los tres grupos restantes quedaron integrados de la siguiente forma: grupo II, Hungría y Turquía (cabezas de serie), Corea del Sur y Alemania; grupo III, Austria y Uruguay (cabezas de serie), Escocia y Checoslovaquia; grupo IV, Inglaterra e Italia (cabezas de serie), Bélgica y Suiza.

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La televisión entra en la Copa

La fase decisiva de la V Copa del Mundo se inició el 16 de junio de 1954 en tres ciudades distintas (Lausana, Zurich y Basilea), aunque al encuentro del grupo I entre Francia y Yugoslavia le cupo el honor, por cuestiones de horario, de ser el match inaugural de la competición.

Este partido fue el primer acontecimiento de la Copa del Mundo de fútbol transmitido en directo por televisión. Unos meses antes del inicio de la fase final de Suiza, ocho países europeos (Inglaterra, Francia, Alemania (RFA), Bélgica, Dinamarca, Italia, Holanda y Suiza) se asociaron para ofrecer conjuntamente en directo tres importantes sucesos que se iban a producir entre junio y julio de 1954: una entrevista con el Papa Pío XII, la salida de la carrera automovilística de las 24 horas de Le Mans y 9 encuentros de la Copa del Mundo de fútbol. De esta experiencia, que resultó positiva, nació la idea de crear una sociedad que agrupara a las cadenas de televisión europeas, lo que meses más tarde se iba a llevar a la práctica bajo el nombre de Eurovisión. El encuentro de Lausana entre Francia y Yugoslavia fue el primer gran acontecimiento televisado en directo a varios países a la vez.

En el grupo I se clasificaron Brasil y Yugoslavia tras sumar tres puntos gracias a una victoria ante México y Francia, respectivamente, y un empate entre sí. La selección francesa quedó eliminada con dos puntos, obtenidos frente a México. En el grupo II lograron el pase a la siguiente ronda los equipos de Hungría y Alemania (RFA), a pesar de que los seleccionados magiares humillaron a los alemanes, al ganarles por 8-3 ante algo más de 30000 espectadores, en la tarde del 19 de junio, en el estadio de la estación de ferrocarril Saint Jacob de Basilea. Tres de los goles húngaros fueron marcados, además, con sólo diez de sus jugadores en el campo, ya que el defensa central alemán, Werner Liebrich, lesionó de cierta gravedad a la figura de la delantera húngara, Ferenc Puskas; éste no pudo reintegrarse al equipo hasta quince días después, con motivo del encuentro final.

De cualquier manera, este resultado de 8-3 fue minimizado por el seleccionador del equipo germano, Sepp Herberger, que al término del encuentro manifestó a los periodistas de su país: Alemania ha perdido hoy un partido que no tenía por qué ganar. El reglamento de esta primera fase del torneo es tan complejo que nuestra selección debe ir a buscar su clasificación para los octavos de final por encima de los resultados. Está claro que si ganamos al cabeza de serie, Turquía, podremos acceder a la final. De ahí que ante Hungría hayamos jugado sin nuestro portero titular y sin nuestros tres mejores atacantes. Nuestro compromiso aquí en Suiza es clasificarnos para la siguiente ronda y para ello debemos imponernos a los turcos.

Sepp Herberger disculpó una derrota que por su envergadura iba a entrar en la historia del fútbol moderno, aunque las circunstancias posteriores acabarían dando la razón al seleccionador alemán. En el primer encuentro de clasificación, Alemania se impuso con claridad a Turquía por 4-1, con tres goles de los ausentes en el encuentro ante Hungría (Morlock, Schaefer y Walter) y uno de Klodt. Sin embargo, los turcos golearon posteriormente, como era previsible, a Corea del Sur por 7-0 y sumaron así dos puntos que igualaban el registro alemán. Dado que no existía la regla del gol- average, turcos y alemanes disputaron un segundo encuentro de desempate, en Zurich, el día 23 de junio. Los pupilos de Herberger hicieron una gran demostración de potencia física y técnica y arrollaron de salida a sus contrarios con tres goles de Morlock en el primer tiempo, contrarrestados por uno de Mustafa. En la reanudación los alemanes lograron cuatro goles más a través de Schaefer (2) y los hermanos Walter (Fritz y Ottmar), mientras Lefter marcó un nuevo gol para Turquía. Con este definitivo 7-2, Alemania obtuvo la clasificación, situándose en segundo lugar detrás de Hungría, que en su segundo partido, ante Corea del Sur, se impuso por 9-0. En este encuentro se dio la poco común circunstancia de que los jugadores del equipo coreano aplaudieron cada uno de los goles magiares.

En el grupo III se clasificaron los dos cabezas de serie previstos por la FIFA: Uruguay y Austria. El equipo campeón del mundo ganó sus dos partidos ante Checoslovaquia (2-0) y Escocia (7-0), causando una buena impresión por su fuerza en el fútbol ofensivo, en base a una delantera integrada por Abbadie, Ambrois, Míguez, Schiaffino y Borges. Este último jugador marcó, él solo, tres goles a los escoceses en jugadas personales que levantaron al público de sus asientos en el estadio Saint Jacob de Basilea. Austria dio también una inmejorable impresión de equipo, imponiéndose a Escocia por 1-0 y sl fuerte equipo checoslovaco por 5-0.

En el grupo IV se clasificaron el cabeza de serie Inglaterra y el equipo anfitrión, Suiza, esta última tras un encuentro de desempate ante Italia disputado en Basilea. Inglaterra ganó su partido contra Suiza (2-0) y empató frente a Bélgica (4-4, con prórroga incluida). La segunda selección cabeza de serie, Italia, comenzó perdiendo con Suiza (2-1), con la cual quedó igualada a puntos gracias a una clara victoria ante Bélgica, dos días después, por 4-1. En el encuentro de desempate los suizos fueron muy superiores a los italianos y ganaron con comodidad por 4-1, con lo cual eliminaban al tercer cabeza de serie de la FIFA en la fase inicial (anteriores eliminados: Francia y Turquía).

Los ocho equipos clasificados para los cuartos de final fueron, por lo tanto, Alemania (RFA), Austria, Brasil, Hungría, Inglaterra, Suiza, Uruguay y Yugoslavia. Según el reglamento de la FIFA debían enfrentarse en los cuartos de final de acuerdo con la siguiente fórmula: el primer clasificado del grupo I contra el segundo del grupo II y viceversa; el primer clasificado del grupo III contra el segundo del grupo IV y viceversa. Sin embargo, en el último momento, los organizadores cambiaron de criterio y decidieron sortear los nombres de los finalistas. El sorteo emparejó, curiosamente, a primeros contra primeros de grupo y a segundos frente a segundos.

La composición de los cuatro encuentros de cuartos de final quedo así: Hungría- Brasil (Berna), Alemania- Yugoslavia (Ginebra), Austria- Suiza (Lausana) y Uruguay- Inglaterra (Basilea). Cuatro encuentros apasionantes, en cuatro ciudades distintas, que debían situar a cuatro equipos en las puertas de la finalísima por el sistema de eliminación directa de Copa.

Los dos primeros semifinalistas se proclamaron en la tarde del sábado 26 de junio en Lausana y Basilea. Fueron las selecciones de Austria y Uruguay, las que en dos encuentros llenos de emoción y con muchos goles apearon de la competición a Suiza e Inglaterra respectivamente.

En Lausana, los austríacos confirmaron plenamente su condición de equipo "sorpresa" al imponerse a los suizos por 7-5 en el encuentro con mayor número de goles del campeonato. Al término del primer tiempo, Suiza ganaba por 2-4. A los veintiséis minutos de juego el equipo helvético había marcado tres goles a través de sus goleadores Hugi (2) y Ballaman, los mismos que habían sentenciado a Italia en la fase anterior. Sin embargo, los austríacos respondieron con coraje al resultado adverso del marcador y consiguieron marcar dos goles, antes de irse al descanso, a través de A. Koerner (2), aunque Ballaman volvió a aumentar la cuenta a favor de Suiza con un cuarto gol. En la reanudación Austria marcaría 5 goles por mediación de Wagner (3) y otros dos de Probst y Ocwirk, mientras que Suiza sólo lograba un gol y además conseguido por el lateral derecho austríaco, Hanappi, en propia meta. Este partido fue definido por la prensa especializada internacional como el encuentro más loco de toda la historia de la Copa del Mundo.

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Uruguay a las semifinales

En Basilea, la selección campeona mundial, Uruguay, fue la segunda en acceder a las semifinales, tras un partido ante Inglaterra en el que se vio escaso fútbol en proporción a la cantidad de goles que subieron al marcador. Frente a un equipo inglés sin brío, los uruguayos sólo jugaron brillantemente a ráfagas. La escuadra celeste se limitó a aprovechar los repetidos fallos del meta inglés, Merrick, que facilitó la consecución de los cuatro goles en jugadas individuales de los delanteros uruguayos. Al término del primer período ya dominaba Uruguay por 2-1, con tantos de Borges y del defensa central y capitán del equipo, Obdulio Varela, mientras el tanto inglés lo marcaba su centrodelantero Lofthouse. En la reanudación, Schiaffino y Ambrois elevaron la cuenta uruguaya a cuatro, mientras que Inglaterra conseguía su segundo gol a falta de pocos minutos para el final a través de Finney. En este partido sólo sobresalieron dos jugadores dentro de un tono general de mediocridad: Juan Schiaffino y Stanley Matthews, que cumplió en este Mundial 39 años de edad.

El domingo 27 de junio se disputaron en Berna y Ginebra los dos encuentros restantes de cuartos de final, en los que Hungría y Alemania (RFA) conquistaron el pase para acompañar a Austria y Uruguay en las decisivas semifinales. En Ginebra, la selección de Alemania (RFA) pasó totalmente inadvertida a pesar de su victoria por 2-0 ante Yugoslavia. El equipo de Sepp Herberger se limitó a plantear una férrea defensa, en la que destacó la dureza del lateral derecha Laband en el marcaje del jugador más peligroso de la delantera yugoslava, Zebec, artífice de la victoria de su equipo ante Francia y del empate a un gol frente a Brasil en la ronda inicial del torneo. Yugoslavia tuvo la desgracia de marcar un gol en propia puerta a través de su central Horvath, cuando todo parecía indicar que se llegaba al descanso con empate a cero. A los siete minutos de la reanudación los alemanes marcaron un segundo gol, y esto hundió definitivamente al sobrio seleccionado yugoslavo.

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Hungría- Brasil: la otra final

En la tarde del 27 de junio se jugó en el Wankdorf Stadion de Berna el encuentro Hungría- Brasil, que pasó a la historia por los lamentables incidentes que lo enmarcaron. El equipo húngaro se había mostrado en los partidos anteriores como el conjunto europeo más en forma, practicando un juego innovador en el ataque que destruía cualquier intento de marcaje por parte del contrario. Los brasileños, a su vez, formaban un bloque sorprendentemente equilibrado, muy fuerte en defensa y ágil en la ofensiva, en la que siempre contaba con cuatro jugadores. Brasil había demostrado, además, en las dos temporadas previas a la disputa de la Copa del Mundo, que era uno de los mejores conjuntos del continente americano, al igual que Hungría en el europeo. En el aspecto individual sobresalía, sin embargo, el seleccionado húngaro con los defensas Buzansky y Lorant, el medio Boszic y los delanteros Puskas (ausente aún de este encuentro por lesión), Czibor, Hidegkuti y Kocsis. Las mejores individualidades brasileñas estaban precisamente en la zaga, con Djalma y Nilton Santos, además del ágil Didí en la delantera.

Hungría se adelantó rápidamente en el marcador con dos goles extraordinarios de Hidegkuti y Sandor Kocsis. El tanto de este último, de una gran belleza, fue logrado de un remate de cabeza en plancha, suspendido en el aire. Sin embargo, antes de llegar al descanso los brasileños redujeron esta ventaja con un gol de penalty, transformado por Djalma Santos, después de que el colegiado del encuentro, el inglés Arthur Ellis, señalara una clara falta de Buzansky a Didí dentro del área.

Poco a poco la armonía de los húngaros se fue desintegrando y el descanso del encuentro les resultó muy beneficioso, ya que en los últimos cinco minutos pudo marcar Brasil el empate en sendos remates de Julinho y Didí, detenidos con grandes apuros por el meta Grocsis. En la reanudación el árbitro Ellis se mostró riguroso al señalar como penalty un acoso de Nilton Santos a Hidegkuti dentro del área, y la oportunidad no fue desaprovechada por Lantos, que estableció el 3-1 en el marcador. Poco después, Brasil volvió a reducir distancias con un gol de Julinho.

A partir del segundo gol brasileño, el encuentro adquirió un carácter brusco. Boszik, el medio derecho húngaro, y Nilton Santos, el defensa izquierdo del conjunto carioca, se enzarzaron en una pelea y el colegiado Ellis los mandó a los vestuarios. La doble expulsión fue el origen de una auténtica batalla callejera; el efecto producido por el gol de Sandor Kocsis a falta de dos minutos para el final del partido, que colocaba el marcador en un elocuente 4-2, no sirvió para calmar los ánimos. Un minuto después Humberto agredió a Buzansky y el árbitro también lo expulsó. Cuando Arthur Ellis señaló el final del partido, brasileños y húngaros comenzaron a zarandearse en el césped, prolongando en los vestuarios su singular enfrentamiento con la colaboración de jugadores suplentes, dirigentes y acompañantes.

Una vez recobrada la calma, los directivos de los dos equipos pidieron excusas ante el Comité Organizador, y la FIFA, veinticuatro horas después, amonestó con gran severidad a las dos delegaciones, aunque sin aplicar sanciones. La consecuencia inmediata de los incidentes del Wankdorf Stadion fue la anulación de una gira que la federación húngara había anunciado por Brasil al término de la Copa del Mundo.

En Brasil causó una gran indignación la eliminación de su selección ante Hungría, ya que los comentarios de los enviados especiales de la prensa y la radio brasileñas no fueron imparciales y explicaron la derrota como un "robo". En Jornal dos Sports se escribió: Brasil ha sido víctima de una maquinación y una trampa de los europeos para impedir que ganara la Copa.

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Las semifinales

Tres selecciones de Europa Central: Hungría, Alemania (RFA) y Austria, y una sudamericana, Uruguay, la campeona vigente, lograron su acceso a las semifinales. Atrás quedaron Inglaterra, con un juego demasiado estático; Brasil, que no supo guardar sus nervios; Yugoslavia, a la que le faltó espíritu de combate en los momentos decisivos.
Finalmente, Suiza, la anfitriona, dio de sí todo lo que podía dar y quedó eliminada con la frente muy alta. El sorteo de las semifinales enfrentó a Hungría con Uruguay y a la selección de Alemania (RFA) con la de Austria.

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El último partido intercontinental

El emparejamiento entre los favoritos al título y los poseedores del mismo (Hungría- Uruguay)significaba un nuevo encuentro entre una selección europea y otra americana y esto hizo suponer un nuevo enfrentamiento violento sobre el césped. Nada más lejos de la realidad, por cuanto el partido que enfrentó a ambos equipos, el miércoles 30 de junio, en el estadio de la Pontoise de Lausana, fue un combate en el que imperó el fair play, sumamente brillante, además, en lo futbolístico.

El estadio de la Pontoise, encandilado aún por los doce goles marcados en el partido entre Suiza y Austria, se llenó a tope para presenciar una de las confrontaciones más importantes de la Copa. Los húngaros no pudieron contar con su capitán Ferenc Puskas, que seguía lesionado desde la primera jornada de la competición. Al igual que frente a Brasil, el seleccionado de Hungría cobró rápida ventaja en el marcador con un gol de su extremo izquierda Zoltan Czibor en jugada individual. A pesar de la presión húngara, ambos cuadros fueron al descanso con 1-0 en el marcador. A los dos minutos de la reanudación, Hidegkuti colocó el partido en 2-0 al lograr un gran gol de cabeza a pase de Czibor, en una jugada en la que intervino todo el equipo magiar.
Pero cuando el partido parecía decidido, a falta de sólo quince minutos para el final, surgió la figura de Juan Schiaffino, uno de los grandes jugadores del anterior Mundial, que en dos jugadas individuales, sirviendo dos goles en bandeja a su compañero Hohberg, consiguió situar a su equipo en la prórroga, manteniendo así la esperanza uruguaya de llegar a ser de nuevo uno de los equipos que jugase la final.
La primera mitad de la prórroga pareció favorable al equipo sudamericano, que dispuso de una gran oportunidad de marcar, a los 10 minutos, cuando Hohberg estrelló un chut en el poste derecho del meta húngaro Grocsis. Tras el descanso, Kocsis logró un gran gol de cabeza a pase de Budai y cuatro minutos después Hidegkuti obtuvo el definitivo 4-2, que los uruguayos acogieron con suma deportividad estrechando la mano de su autor.
Austríacos y alemanes arrastraron a más de 20000 aficionados a las gradas del Saint Jakob Stadion de Basilea, en el que se disputó la segunda semifinal del torneo. En el primer período el once germano no pudo superar fácilmente a su oponente, a pesar de lograr una ventaja de 2-0 con goles de los delanteros Schaefer y Morlock en jugadas de Fritz Walter: a falta de unos minutos para el fin del primer tiempo, marcó, para Austria, Probst, de soberbio cabezazo a centro de Stojaspal. La clave de esta diferencia tan reducida a favor de los grandes favoritos para la final obedeció al estupendo marcaje de que fue objeto Fritz Walter –a pesar de las dos jugadas de gol- por parte del medio defensivo Ocwirk.
El primer cuarto de hora de la reanudación transcurrió dentro de una evidente igualdad, con los dos equipos lanzados a una ofensiva que se veía una y otra vez superada por las respectivas defensas. Pero Ocwirk se lesionó en una jugada fortuita a los veinte minutos y Alemania (RFA) comenzó a poner en funcionamiento su estrategia, conducida por Fritz Walter. Precisamente este jugador colocaría el marcador en 4-1 gracias a dos penalties y su hermano Ortmann Walter elevaría la cuenta a la media docena, tras sendos fallos defensivos de Zeman, el portero reserva austríaco que había sustituido en este partido de semifinales al titular Schmied, postergado por el seleccionador tras encajar cinco goles ante Suiza en los cuartos de final.

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Un resultado inesperado

Ante la sorpresa general Alemania (RFA) debía disputar la final a un equipo, el húngaaro, que le había batido en la fase previa por el escandaloso tanteo de 8-3. Alemania (RFA), además, ni siquiera había sido escogida como cabeza de serie por los organizadores del torneo ni por la propia FIFA. Pese a que ante Austria habían dado una buena impresión en la última parte del encuentro, los alemanes aparecían ante los ojos de los observadores más desapasionados como víctimas propiciatorias de una selección que no había perdido ningún partido desde mayo de 1950, o sea cuatro años atrás; en ese período contabilizó la friolera de 27 victorias y cuatro empates en 31 encuentros.Entre estos triunfos merecía una mención especial el obtenido en Wembley ante Inglaterra, por 6-3, el 25 de noviembre de 1953,que supuso el primer éxito de un equipo europeo del continente en suelo inglés.
Los húngaros aumentaron aún más su papel de favoritos cuando anunciaron que su capitán Ferenc Puskas iba a jugar la final, una vez recuperado del golpe que le dio en el tobillo el alemán Liebrich en el encuentro de octavos de final. Puskas era junto a Hidegkuti la pieza que hacía funcionar a la perfección un gran conjunto ofensivvo.
Los dos equipos saltaron a jugar la final en el impecable césped del Wankdorf Stadion de Berna, una lluviosa tarde de domingo, el 4 de julio. Tanto Sepp Herberger, el seleccionador alemán, como Custav Sebes, el húngaro, presentaron a sus mejores hombres. En sólo veinte minutos de juego Hungría confirmó plenamente su condición de favorito, marcando Puskas en jugada personal el 1-0 y secundándole poco después Zoltan Czibor. Hasta el minuto 20 los marcadores alemanes se vieron nuevamente sorprendidos por la disposición táctica de los húngaros, que fraguaban todas sus acciones de ataque en la movilidad de su centro delantero Kocsis y en las subidas constantes del medio defensivo o de los dos laterales.

Sin embargo, un gol de Morlock, en jugada individual de Schaefer, a falta de un cuarto de hora para el descanso, y por otro posterior de Rahn, al rematar un córner servido por Fritz Walter, igualaron inesperadamente el marcador.

En la reanudación comenzó a gestarse, minuto tras minuto, la sorpresa futbolística del siglo. Los húngaros, desarrollando un juego de fábula, al primer toque y con acciones individuales de sus jugadores de ataque al límite de lo imposible (sus driblings eran coreados por el público), cercaron la portría de Turck desde el silbido inicial del colegiado galés Ling. Pero Turck comenzó pronto a detener lo imparable y cuando él no llegaba al balón, eran los postes y el travesaño los que lo detenían. Un total de tres tiros de Hideguti (2) y Kocsis se estrellaron en los maderos de la portería, mientras que Liebrich y Kohlmeyer sacaron de la misma raya de gol dos tantos, ya cantados en la grada.
Ala clase innata de los jugadores magiares, a su virtuosismo, elegancia y sentido de equipo, oponían los alemanes la brusquedad la fuerza física y algo muy importante además de la suerte: el frescor psíquico. Efectivamente, el paso de los minutos fue haciendo mella en los jugadores húngaros, que a cada oportunidad perdida cedían una parte de su fe en la victoria. Afalta de sólo seis minutos para el final, Boszik perdió un balón en terreno alemán; lo controló Shaefer y lo envió en profundidad a una zona del terreno en la que no había nadie. Fritz Walter fue en busca del balón ganando la carrera a Zakarias y, sin pérdida de tiempo, lanzó un centro medido al punto de penalty, en donde apareció el pie del exteriopr derecha, Helmuth Rahn, que tiró con fuerza y batió a Grosics.
La sorpresa se acababa de consumar y de poco valió que Puskas , sacando fuerzas de flaqueza, consiguiera un nuevo gol, invalidado justamente por el árbitro galés por claro fuera de juego de Nandor Hudegkuti. La increíble derrota de Hungría dejó a esta selección fuera del palmarés de la Copa del Mundo, justo en el momento en que todos los comentaristas internacionales de la prensa, la radio y la TV coincidían en señalar a los magiares como los más grandes futbolistas de toda la historia.

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Un gran acontecimiento socio- deportivo

En el momento en que Jules Rimet entregó la pequeña estatuilla de oro que llevaba su nombre al capitán alemán, Fritz Walter, se cerró en Berna la quinta edición de la Copa del Mundo, con un balance espectacular y sorprendente en lo deportivo y beneficioso en lo económico. En 26 partidos se marcaron 140 goles, con una media ya no superada en ediciones posteriores de 5,36 goles por encuentro. El húngaro Sandor Kocsis, con 11 goles, estableció un nuevo récord en una Copa Mundial. Un total de 880000 personas siguieron en vivo las incidencias del juego, al margen de cuatro millones de telespectadores europeos a través de la pequeña pantalla.

Meses después de la final de Berna, la prensa especializada europea seguía comentando aspectos de aquel partido y, a raíz de dos derrotas consecutivas de Alemania en sendos encuentros posteriores a la finalísima (ante Bélgica en Amberes y frente a Francia en Bremen), comenzó a extenderse el rumor de que los hombres de Sepp Herberger habían jugado dopados su partido ante Hungría. Los derrotados, por su parte, tuvieron unas discretas actuaciones posteriores y dos años más tarde, en 1956, la selección magiar se rompió en pedazos con la salida del país de sus principales figuras, a raíz de la intervención de las tropas soviéticas en Hungría. Puskas se enroló en el Real Madrid; Kocsis y Czibor, en el Barcelona; Hidegkuti en el fútbol alemán. Seis años después de aquella histórica final del Wankdorf Stadion, dos de sus protagonistas, Czibor y Kocsis, volvían a este estadio para jugar la final de la Eurocopa de clubs entre el C F Barcelona y el Benfica de Lisboa. También en un partido increíble el equipo de los dos húngaros perdió por 3-2 después de hacer méritos suficientes para imponerse por goleada. Al término del encuentro, Sandor Kocsis, la "cabeza de oro" de los Mundiales – 54, declaró a un redactor del diario deportivo de París, L’Equipe, que hoy he comprendido qué ocurrió contra Alemania: en este césped pesa una maldición extraña contra todo húngaro que lo pise.

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La técnica en Suiza- 54

Cinco concepciones tácticas brillaron con luz propia en este Mundial de Suiza. Cinco estilos que quedarían además como postulados técnicos para la posteridad. Suiza puso en juego el verrou, sistema de cerrojo difícil de vulnerar, que consistía en colocar una doble llave destructiva en una de las dos alas defensivas, con un líbero que fluctuaba entre este lateral y el centro, y un quinto defensa que jugaba poco menos que a la altura del portero, en el centro del área, y que sólo salía de su demarcación para ir en apoyo del otro lateral si éste era superado por el extremo contrario.
Brasil practicó en Suiza el sistema del 4-2-4, que cuatro años más tarde, en Suecia- 58, le iba a dar su primer triunfo en la Copa del Mundo.
Inglaterra utilizó el sistema de la WM (la disposición de sus jugadores en el césped conformaba estas dos letras del abecedario).
El de Alemania (RFA) fue el fútbol menos técnico del torneo y a la vez el más avanzado, por cuanto veinticinco años después medio mundo futbolístico copiaría sus normas de juego. Era un juego de destrucción y poderío físico que abría las puertas de par en par hacia lo que poco a poco se impondría como una realidad: el jugador atlético. El triunfo de Alemania fue una alerta sobre lo que podía alcanzar el poder físico en el fútbol.
Pero fue Hungría quien dejó las mejores enseñanzas tácticas. El montaje del equipo era vanguardista desde el portero Grosics, que fue el primero en alterar la concepción del meta atajador de balones, para convertirse en un jugador más, especialmente en las salidas y entregas de la pelota. La línea de zagueros quedaba constituida por tres elementos, base de un bloque más elástico y móvil que lo acostumbrado en aquellos tiempos. Precisamente toda la fuerza de la ofensiva húngara se apoyaba en su lateral derecho Buzansky, que solía ir hacia la línea de fondo contraria, como aporte de aceleración y sorpresa. Boszik, el medio derecho, hombre de creación y ataque, relevaba admirablemente a Buzansky en sus subidas. La cabeza de Kocsis estaba siempre atenta a los servicios de estos hombres y así logró algunos de sus 11 goles en la fase final. Esta misma maniobra realizaba el lateral izquierdo Lantos con el interior de este mismo lado, Hidegkuti. Los dos extremos, Czibor y Toht, no se replegaban, y Puskas, a pesar de que jugó poco, era el jugador que salía con el balón controlado desde el círculo central y siempre en vertical hacia el marco contrario, con el medio Zakarias en labor de apoyo unos metros detrás de él. Así se ubicaba toda una compleja trama táctica, basada en definitiva en las condiciones técnicas de todos los jugadores.

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Las figuras

A pesar de la presencia de grandes goleadores, desde Kocsis hasta Helmuth Rahn, pasando por Morlock y Probst, el Mundial de Suiza fue el de los cerebros futbolísticos. El término "cerebro", nacido quizá de la fuerza creativa mostrada por Juan Schiaffino en Brasil- 50, tuvo su prolongación en Suiza, con el mismo Schiaffino, Nandor Hidegkuti, Ferenc Puskas –éste exclusivamente ofensivo- o Fritz Walter.

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